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Se apagó la cámara del “Eterno fotógrafo del Barrio Pinozã”

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Recientemente, en medio de la pandemia, se apagó la vida de Ramón Alvarenga, fotógrafo “A lo yma” de uno de los antiguos barrios de Asunción. Don Alvarenga saltó del romántico “blanco y negro”, a los chispazos de la fotografía a colores, para seguir registrando con su técnica los acontecimientos importantes de la vida de sus vecinos. Dejó, como herencia, a su hijo Christian, su pasión por los recuerdos transformados en imágenes, incluyendo experiencias en el desaparecido “Diario Noticias”, en donde coincidieron, en algún momento, padre e hijo, como reporteros gráficos. En un breve, pero sentido homenaje, la periodista Marlene Sosa Lugo lo llamó “El eterno fotógrafo del Barrio Pinozã”. Y aprovechamos su reseña para rememorar a profesionales -hoy en extinción- que ayer fueron parte nuestra niñez y adolescencia. En esta galería, recordamos, por ejemplo a “Chocolate”, un ícono de añoranza para los jugadores de las “inferiores” de clubes de fútbol de Primera División, que sentaban cancha en el populoso Barrio Obrero. En esos años las divisiones menores eran llamadas “Cadete” e “Infantil”. También al fotógrafo Garay del antiquísimo barrio Santísima Trinidad. Su “Estudio Garay”, instalado sobre la icónica avenida Artigas era un sitio obligatorio de visita cuando los pequeños del barrio cumplían su primer año o hacían la primera comunión; también desfilaban por allí, emocionadas quinceañeras y felices novios. Entre cortinas, alfombras y banquetas, creaba el escenario perfecto para inmortalizar ese momento especial familiar.

La historia reciente recuerda a varios más, quienes recorrían casas de familia y eran los primeros en aparecer en días de clase y en fiestas de colación de cursos, de cumpleaños, de quinceaños, bodas, de primera comunión, de confirmación y en festivales de fin de año de academias de baile. Estos señores eran casi parte de la familia, siempre “números puestos” en los acontecimientos dignos de inmortalizarse con sus manos y aparatos mágicos.

Con respecto al señor Alvarenga, la periodista Sosa Lugo, lo recuerda como amigo de los diecinueve músicos del barrio; retrató a todos y a cada uno de ellos, durante sus actuaciones en las ya desaparecidas parrilladas “La Curva” (Próceres de Mayo y Rodríguez de Francia) o “La Calandria” (General Santos y Tte. Fariña, hoy José Asunción Flores) y, en donde lo vio por última vez, en el Colegio Verbo Divino que fue como su segundo hogar. QEPD, Don Ramón Alvarenga y cristiana resignación a su familia.

Observación: Si tiene algún recuerdo del fotógrafo de su fiesta de colación, de quince años, de algún cumpleaños, no nos prive de su recuerdo, compártanos. Si tiene escaneada una imagen nos la puede enviar y con gusto la publicaremos con su posteo. Recordar es volver a vivir.

Fuente: Diario Munipy.com.py

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